Un poco de historia
El microcrédito nació en Bangla Desh en 1976 de la mano del Grameen Bank, el llamado banco de los pobres fundado por Muhammad Yunus con el objetivo de ofrecer oportunidades a la mayor parte de la población que no tenía acceso a los servicios financieros tradicionales. A finales del siglo pasado se expandió por los países en vías de desarrollo en el Sudeste Asiático, en América Latina, en el Magreb y en el África Subsahariana.
El microcrédito
llegó a Europa en 1989 de la mano de la
Association pour le Droit a l’Initiative Económique, ADIE, que consiguió que la legislación francesa reconociera el derecho a la inclusión financiera y que impulsó la creación en el año 2003 de la
European Microfinance Network para promover el microcrédito en la Unión Europea y fomentar el intercambio de buenas prácticas. En el año 2007 la Comisión Europea impulsó la
Iniciativa europea para el desarrollo del microcrédito en apoyo del crecimiento y el empleo, estableciendo las bases de un sector que ha crecido de manera continuada durante los últimos años.
En nuestro país la iniciativa conjunta de la Fundación Un Sol Món de Caixa Catalunya i
Autoocupació fue pionera y seguida por la obra social de la mayoría de las cajas de ahorro y otras entidades sociales. La
creación de Microbank en el año 2008 supuso un salto de escala y la profesionalización del sector.
Pero, ¿qué es un microcrédito?
Según la definición de la Comisión Europea, el microcrédito es un
préstamo de hasta 25.000 euros dirigido a financiar proyectos de autoempleo y microempresas lideradas por colectivos de personas emprendedoras en situación de vulnerabilidad y de exclusión financiera, que acostumbra a ir acompañado de servicios de capacitación.
Así, el microcrédito se define por:
- Sus objetivos, que combinan la generación de empleo mediante la puesta en marcha o el crecimiento de actividades profesionales o empresariales con la inclusión social de las personas destinatarias.
- Sus destinatarios, colectivos en situación de vulnerabilidad como las mujeres, las personas jóvenes, desempleadas, migrantes o la población rural, que no tienen acceso a la financiación bancaria tradicional por falta de garantías o de historial crediticio.
- Su oferta de servicios, que acompañan un producto financiero como el préstamo con actuaciones destinadas a desarrollar las competencias de las personas destinatarias: educación financiera, formación en gestión empresarial, asesoramiento para evaluar la viabilidad del proyecto, o mentoring para la puesta en marcha o el crecimiento.
El sector europeo de las microfinanzas hoy
El informe de la Encuesta sobre las Microfinanzas en Europa elaborado por la EMN en el año 2022, a partir del análisis de la actividad de 156 instituciones microfinancieras en 30 países, es la mejor radiografía de las características y del potencial del sector:
- El 94% de los proveedores de microcréditos son instituciones no bancarias: entidades no gubernamentales, cooperativas, instituciones financieras no bancarias y administraciones públicas.
- El 84% de las instituciones microfinancieras dispone de soluciones digitales que ayudan a los clientes a solicitar, gestionar o devolver un microcrédito en línea.
- El 76% de estas instituciones presta servicios de capacitación como complemento a los servicios de financiación.
- El número de prestatarios activos a finales de 2021 es de 1.400.000 y el importe agregado de la cartera bruta de microcréditos es de 300 millones de euros.
- La calidad de la cartera, medida en términos de cartera en riesgo superior a 30 días, es del 9,9%.
- El 71% de estas instituciones son autosuficientes, es decir, generan ingresos suficientes para hacer frente a sus gastos.
¿Y el impacto?
- En Bélgica, un estudio de Microstart ponía de manifiesto que el 78% de los destinatarios de microcréditos continuaban operando después de entre 1,5 y 4,5 años y que cada microcrédito de 20.000 euros generaba 1,87 puestos de trabajo.
- En Francia, una investigación de Adie descubría que el 63% de los beneficiarios seguían en activo después de entre 2 y 3 años y que el retorno social de la inversión en microcréditos era de 2,38 euros por cada euro invertido.
- En Italia, un informe de Permicro revelaba que el 90% de los negocios financiados con microcréditos mantenían su actividad después de entre 2 y 9 años y que el 38% habían conseguido acceso a la financiación bancaria.
- En España, el último informe anual de Microbank indicaba que las personas emprendedoras y las microempresas generaron 0,87 puestos de trabajo directos por cada microcrédito concedido y que el 57% de las mismas preveían nuevas contrataciones durante el próximo año.
Estos datos ponen de manifiesto el
potencial del microcrédito en la creación de empleo y en la inclusión social de las personas con menos oportunidades.
Este impacto no sería posible sin la participación comprometida de una gran cantidad de entidades públicas y privadas que, a menudo sin contar con la financiación adecuada, acompañan a las personas beneficiarias de los microcréditos en sus itinerarios de autoempleo.
Es hora de potenciar
mecanismos de colaboración entre las instituciones proveedoras de microcréditos y las instituciones que prestan servicios de capacitación a sus destinatarios, acercando el acceso al financiamiento a la participación en programas de desarrollo competencial, y de dotar ambas actividades con los recursos públicos necesarios para que exploten todo su potencial, ayudando a más personas a decir «Soy lo que quiero ser».