¿Se han preguntado alguna vez cuántas horas trabajarán a lo largo de su vida? A grandes rasgos, una persona que está activa laboralmente desde la finalización de sus estudios hasta su jubilación trabaja más de 80.000 horas. Este tiempo representa más del 30% de las horas en que una persona está despierta en la edad adulta.
Teniendo en cuenta estos datos, se hace evidente lo difícil que es ser feliz si no lo es en el trabajo.
¿Quién no conoce a alguien que vive amargado por el hecho de hacer un trabajo en el que no se siente a gusto? Estas personas sufren cada tarde de domingo pensando que al día siguiente tienen que volver a trabajar. Y luego sufren de lunes a viernes desde que se levantan por la mañana hasta que vuelven a la cama pensando, de nuevo, en el día siguiente. Reproducen esta infelicidad en el resto de ámbitos de su vida y la contagian a su entorno más cercano. Acostumbran a ser personas que culpan a los demás de su infelicidad: a su empresa, a su jefe, a sus compañeros, a su familia o al gobierno. Y no asumen su responsabilidad. No son capaces de revertir la situación, de provocar un cambio en sus vidas profesionales. A menudo por miedo, a la incertidumbre, a la pérdida de seguridad. Pero también por pereza, por falta de confianza en ellos mismos.
Pero también todos conocemos a alguien a quien le apasiona su trabajo. Hombres y mujeres que van a trabajar cada día con ganas, con alegría. Que viven intensamente de lunes a domingo. Que no cuentan las horas. Que se sienten realizados con aquello que hacen. Son personas que contagian su entusiasmo a sus familiares, amigos y compañeros. Tienen una actitud positiva y acostumbran a alcanzar sus objetivos. Y cuando las circunstancias cambian y dejan de sentir esta intensidad, buscan nuevas oportunidades y toman decisiones. Buscando un nuevo trabajo, cambiando de posición, de empresa o de sector. O preparando unas oposiciones.
O poniendo en marcha un negocio propio. No eluden los retos, los afrontan con valor, con confianza, con convicción.
¿Y cómo se consigue ser feliz en el trabajo?
Hay un grupo de personas que tienen una vocación clara, a veces desde la infancia, otras veces esta vocación se presenta más adelante, durante la juventud o ya en su madurez. Son personas que tienen claro el oficio o la profesión a la que quieren dedicar sus vidas. Son personas soñadoras. Tienen un objetivo, lo planifican y lo persiguen, con entusiasmo, con perseverancia, con compromiso. No siempre lo alcanzan del todo, pero la lucha constante los motiva y les ayuda a seguir avanzando. La mayoría de profesionales de éxito, de artistas famosos y de deportistas de élite responden a este modelo.
Pero no todo el mundo tiene una vocación definida. Hay otro grupo de personas que a la hora de elegir sus estudios o de buscar un trabajo, dudan. Pero, a pesar de dudar, toman decisiones, siguen su instinto, aprovechan las oportunidades y experimentan. Y lo hacen con la mente abierta, con optimismo. Con ganas de aprender a amar aquello que hacen. Intentando hacerlo lo mejor posible. Sirviendo a los demás. Con orgullo. Cumpliendo con su deber. Y en muchos casos, como compartió Steve Jobs en su discurso en Stanford, cuando miran atrás y unen los diferentes puntos de su trayectoria profesional, todo cobra sentido.
¿Y qué tienen en común estos dos grupos? Pues su actitud. Son personas rebeldes, independientes, responsables y trabajan con ilusión, con pasión, con esfuerzo.
Ser felices en el trabajo depende únicamente de nosotros mismos, y con la actitud adecuada todos podemos decir en voz alta:
¡Soy lo que quiero ser!